3.11.2008

Starsucks

Mi reseña de Starbucks.

Es una jalada. No soy de izquierda, no soy anti-imperio ni amigo del Peje. Pero Starbucks esté de la mega fregada. Y lo peor de todo es que a pesar de que lo sé, a pesar de que me choca, a pesar de que te venden agua de calcetín a precios OBSCENOS, veo uno y me dan ganas de entrar y sentarme a leer un libro, o sólo para aparentar ser intelectual. Me hiper-surra ese efecto que tiene en la mente de todos nosotros. La verdad no sé que demonios sea, pero al pasar por uno siempre tengo ganas de entrar. Muchas veces la resisto, entra mi lado razonable y decido no entrar. Pero muchas veces la mercadotecnia, product placement o lo que sea que lo ha hecho tan popular se apodera de mí y no tengo más remedio que sentarme a tomar un muy mal café a un precio muy caro. Es saber que estoy pidiendo caca, que me la estan vendiendo cara y aún así comprarla y comerla con gusto.

Malditos geniecitos de la franquicia. Aparte, abundan como los perros callejeros en los pueblos de provincia. El mundo está lleno de Starbucks. En el museo de Louvre en Paris, hay un Starbucks. No a un costado, adentro. Solo falta que pongan uno en lo alto de la Torre Eiffel, o en la Basílica de San Pedro. En el ITESM campus Monterrey, hay un Starbucks (aunque ese si lo evito, ahí toma puro snob, y vaya que abundan en esa universidad, pero hablaremos de eso otro día).

Mi consejo, valuado en tres pesos, y cayendo más rápido que el dolar: Si viajan, y ven un Starbucks, resistanse, caminen un poco más y encontraran algún café más tradicional, más barato y mucho más rico. Al menos esa fue mi experiencia en Barcelona y Paris.



I am only human.
Jesús H. Camargo